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MURCIÉLAGOS UNA HISTORIA DE AMOR
No todos se enamoran de los murciélagos, pero, quienes sí, lo hacen perdidamente.
CUANDO ERA JOVEN, la científica Sharon Swartz estudiaba gibones, pero se sentía intrigada por la fina estructura ósea de las alas de los murciélagos y por las compensaciones evolutivas que necesitaron los mamíferos para poder volar, así que se desvió de su investigación sobre primates y viajó hasta Australia para estudiar los grandes murciélagos conocidos como zorros voladores.
Recuerda una noche en la que visitó un campo de golf suburbano, donde los árboles estaban repletos de murciélagos perchados. Primero uno, luego unos cuantos más, después cientos de criaturas levantaron el vuelo cuando el sol se ponía. Había “un río de murciélagos en el cielo”, comenta. La noche siguiente, Swartz, ahora profesora de biología e ingeniería en la…